En el año 2019, el Ayuntamiento de La Cellera de Ter adquirió buena parte de la montaña de Canet, una finca forestal dominada por el encinar mediterráneo situada en el norte del municipio, muy cerca del río Ter, con la voluntad de recuperar y dar a conocer sus valores naturales y patrimoniales.
Entre los elementos más importantes destaca la cueva de El Pasteral, catalogada como bien cultural de interés local (BCIL).
La cueva de El Pasteral es una cavidad de unos 350 metros de recorrido conocido y es considerada la más importante de la comarca y la de más entidad del macizo de Les Guilleries.
GEOLOGÍA
La cueva de El Pasteral es el resultado de un largo proceso geológico que empezó hace aproximadamente 450 millones de años, en el Ordovícico. En aquel periodo, el mar depositó grandes cantidades de carbonato cálcico que se convirtieron, lentamente, en roca calcárea. Esta roca se deformó y fracturó por la acción de la presión y la temperatura a lo largo de muchos años. Más tarde, el agua erosionó la roca calcárea y formó cavidades y formas redondeadas. Hace unos 300 millones de años, un grupo de rocas magmáticas, llamadas granodioritas, penetraron por las rendijas de la roca calcárea y la transformaron en mármol, a consecuencia del choque de temperaturas y presiones. Hoy en día, se pueden ver claramente los dos tipos de roca en la cueva (los mármoles de colores grisáceos y las granodioritas de colores rojizos), así como una capa de sedimento desconocida. La cueva tiene unos intrincados y numerosos túneles orientados según las fracturas de la montaña de Canet, por un lado en dirección norte-sur y por el otro en dirección este-oeste.
Estructuralmente, la cueva presenta tres entradas principales (artificiales) en su base y dos accesos (naturales) en su parte superior, con galerías a un mínimo de cinco alturas diferentes y un desnivel total de unos quince metros. La parte inferior de la cavidad, la única zona visitable actualmente, está parcialmente afectada por una explotación minera que, durante las décadas de 1920-1970, creó grandes salas y pasadizos, mientras que la parte superior la forman estrechas, laberínticas y espectaculares galerías de difícil acceso.
RESTOS ARQUEOLÓGICOS
A nivel arqueológico, la cueva acoge los restos de distintos entierros realizados por las primeras poblaciones de agricultores y ganaderos sedentarios de nuestro territorio, de época neolítica y calcolítica (entre 4500 a. C. y 2500 a. C.). Se han encontrado abundantes restos humanos, así como piezas de cerámica, decenas de collares, hojas de sílex, etc. Los entierros de este periodo son muy raros en todo el occidente mediterráneo, por lo que el yacimiento de El Pasteral es de gran importancia para la interpretación de la prehistoria de Cataluña. Además, la gran diferencia entre las fechas de los restos da una pista de la tradición extraordinariamente prolongada del uso de la cueva de El Pasteral como lugar funerario. No obstante, desgraciadamente los trabajos de extracción de mármol en el siglo pasado destruyeron como mínimo una sala donde potencialmente podría haber más y donde ya se encontraron restos hace casi cien años.
FAUNA
La irregularidad de la cueva favorece, además, la formación de numerosos microclimas que ofrecen a los murciélagos y a otros animales cavernícolas un amplio abanico de condiciones, que se adecuan a los diferentes periodos de su ciclo vital. De las veintinueve especies de murciélagos que se conocen actualmente en Cataluña, catorce están presentes en la cueva de El Pasteral o en su entorno más próximo, lo que convierte este espacio en un refugio de primer orden que se debe proteger y conservar. Además, dos de estas especies están incluidas en el Catálogo Español de Especies Amenazadas (RD 139/2011), tres se encuentran en estado vulnerable (el murciélago de herradura mayor, el murciélago de herradura mediterráneo y el murciélago de herradura menor) y una está en peligro de extinción (el murciélago de dedos largos, que vive en las orillas de El Ter).
En cuanto a la fauna subterránea, es decir, la formada por los animales adaptados a las condiciones de cueva, se han identificado veintidós especies distintas, de las que una, la Bofilliella subarcuata, es un molusco gasterópodo considerado en peligro crítico de extinción por el Catálogo Español de Especies Amenazadas (RD 139/2011). Entre las especies de invertebrados subterráneos existe bastante diversidad (hay, por ejemplo, pseudoescorpiones, arañas, grillos, moluscos, etc.), lo que da una pista de la variedad de vida en estas cavidades y la importancia de su conservación.
FLORA
Muy cerca de la entrada de la cueva, en los márgenes de los caminos, pueden observarse múltiples especies de plantas, sobre todo herbáceas y alguna arbustiva. Las condiciones microclimáticas del lugar —sombra gran parte del día y corrientes de viento frescas que provienen de la cueva— hacen posible que exista una gran cantidad de especies. Se pueden encontrar, por un lado, varias especies de helechos, que indican las suaves y húmedas condiciones climáticas y, por el otro, especies comunes, como la boca de dragón (Antirrhinum majus), la lechetrezna (Euphorbia characias) o la zarza (Rubus ulmifolius), entre otras.
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