Fiesta de la Santa Cruz

El corazón de la fiesta late con gran solemnidad al mediodía. La iglesia parroquial de Sant Vicenç acoge un oficio solemne, una misa cantada que a menudo cuenta con el acompañamiento de orquestas que elevan la belleza del acto. Al finalizar la liturgia, el silencio respetuoso se apodera de las murallas cuando comienza la procesión de la Santa Creu. La comitiva, encabezada por las autoridades, los fieles y los músicos, recorre lentamente las calles empedradas que miran al mar, transportando a los asistentes a otra época. Uno de los momentos más emotivos es la bendición del término: la procesión se detiene en puntos estratégicos para bendecir simbólicamente los campos y las aguas del mar de Tossa de Mar, pidiendo protección y prosperidad para los pescadores y la gente de la villa.

Finalmente, la celebración adquiere un carácter mucho más alegre, popular y marinero en la plaza d’Armes, situada en el interior de la fortaleza. Allí, con el paisaje del Mediterráneo como telón de fondo, la música de la cobla comienza a sonar para dar paso a la audición de sardanas. Los círculos de bailarines se forman de manera espontánea bajo la luz de la tarde de mayo, uniendo a vecinos y visitantes en una rueda que simboliza la hermandad y la identidad catalana. Es el cierre perfecto para una jornada en la que Tossa de Mar demuestra que sabe conservar su legado cultural con orgullo, delicadeza y una belleza que perdura en el recuerdo.

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