La Torre de Puig Marí, erigida alrededor del año 1944, constituye una pieza clave dentro de una extensa red de comunicaciones impulsada por el Estado con el objetivo de optimizar la conectividad a través del territorio español. Esta torre forma parte de un ambicioso proyecto que desplegaba cientos de torres a lo largo del litoral catalán, desde Sant Carles de la Ràpita hasta La Jonquera, con la finalidad de potenciar la telegrafía óptica. A pesar de este esfuerzo por avanzar en las comunicaciones, la ventaja técnica de estas infraestructuras fue efímera, ya que la llegada de la telegrafía eléctrica hizo que rápidamente quedaran anticuadas.
Situada a una altitud de 236 metros sobre el nivel del mar y con el número 212 dentro de esta red, la Torre de Puig Maríse encuentra en un punto estratégico. Las torres vecinas más próximas son la Torre de Montagut, situada a 11,6 km, y la Torre de Puigsardina, a 6 km de distancia. La distribución y la situación de estas torres fueron tareas encomendadas a Ildefons Cerdà, reconocido por ser el arquitecto del Eixample de Barcelona. Este hecho subraya la importancia de una visión integradora y vanguardista en el despliegue de las infraestructuras de comunicación de la época.
De esta torre solo quedaba la base, oculta por la tierra y la vegetación que se había depositado a lo largo de los años, pero las primeras excavaciones la pusieron al descubierto, con un grado de conservación bastante aceptable. En lo alto de la colina había un vértice geodésico de primer nivel que se retiró para hacer la reconstrucción de la torre. Una vez acabada la reedificación, el vértice se colocó en el techo. Esta torre era conocida popularmente como la “torre del rellotge”, sin que se conozca el motivo.
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