La Torre Cartellà destaca por su estructura singular y los distintos anejos añadidos a lo largo del tiempo. Esta magnífica residencia se despliega en tres niveles y presenta una planta de contorno irregular. Su fachada revela una notable armonía en los elementos decorativos, especialmente apreciable en los pisos inferior y medio, donde predominan ventanas con dinteles monolíticos y montantes de piedra. En contraste, en el tercer piso, donde está el desván, destaca una ventana geminada de tres arcos. La cubierta, típica de las edificaciones de la región, presenta vertientes laterales.
Dentro del recinto, un patio interior acoge una capilla dedicada a Sant Jaume (Santiago), caracterizada por un ábside semicircular y una puerta adovelada que invita a explorar su interior, enriquecido con la presencia de pilastras adosadas al muro, adornadas con motivos referentes al santo, así como un busto masculino. La fachada de la capilla, ornamentada con detalles renacentistas, añade un toque de elegancia y distinción al conjunto.
Un elemento particularmente remarcable es la torre situada en una de las esquinas de la propiedad. De forma circular y con cuatro pisos de altura, culmina con almenas y alberga, bajo la ventana superior, una hornacina con una imagen de la Virgen María con el niño. La torre sufrió daños significativos durante la primera Guerra Carlista, hacia 1840. La historia de la Torre Cartellà está íntimamente ligada al linaje de los Cartellà, que se remonta a 1159, con la unión de Arnau Guillem de Cartellà y Ermessenda, de la familia Maçanet. El punto culminante de su prestigio fue en 1729, cuando Felipe V concedió el título de marqueses a los propietarios de la casa en ese momento. A lo largo del siglo XVIII, la propiedad cambió de manos, hasta que finalmente fue subastada para beneficencia en el año 1865.
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