Farga del Roquer – Arbúcies

La forja de cobre de El Roquer fue construida por Lambert de Roquer entre los años 1846 y 1848 y se mantuvo en funcionamiento hasta 1873. El mecanismo consistía en un martinete accionado por la rueda con paletas, movida por la fuerza del agua. Se especializó en batir cobre para confeccionar planchas que servían para forrar el buque de los barcos y también para fabricar calderas a partir del reaprovechamiento de utensilios de cobre viejos.

Con el paso del tiempo, tanto el aprovechamiento del agua como el edificio y sus mecanismos se adaptaron para distintos usos industriales, como por ejemplo una curtiduría de piel, una tornería de madera y una serrería. Esta última era accionada mediante embarrados y un árbol de transmisión que funcionaba gracias a una turbina hidráulica. Más adelante, en el edificio contiguo se instaló la carrocería Beulas i Gelada, que aprovechaba la fuerza del agua y la turbina para accionar los mecanismos de la fábrica.

Se puede considerar que la forja es uno de los mejores ejemplos del patrimonio industrial del municipio y un reflejo del dinamismo económico de Arbúcies y de El Montseny desde mediados del siglo xix hasta mediados del siglo xx. En el interior de la forja hay el centro de interpretación, donde se explica su funcionamiento y se proyecta un interesante audiovisual titulado La memòria de l’aigua (‘La memoria del agua’), que muestra los usos del agua en el valle de Arbúcies a lo largo de su historia.

La balsa de la forja
Junto al edificio se construyó una gran balsa,
que recogía el agua procedente de la acequia
del molino de El Roquer y que servía para
almacenar el agua para hacer funcionar primero
la rueda de paletas y más adelante la turbina
mecánica.
A finales del siglo xx, la balsa se convirtió en un
espacio naturalizado donde se puede encontrar
una gran diversidad de flora y fauna, como
por ejemplo barbos y una gran variedad de
pájaros. Algunos los podemos ver todo el año;
como al ánade azulón, el carbonero común, el
cucarachero o el mirlo, y otros hacen estancia
en ella esporádicamente, como la garza real, la
lavandera cascadeña, la lavandera blanca o la
curruca capirotada. La balsa también tiene una pequeña isla
artificial con plantas herbáceas, como el
carrizo, la espadaña y el lirio amarillo, que
sirven de refugio a los pájaros.
Un molusco muy raro
En unos de los trabajos de limpieza y extracción
de barro de la balsa se identificó una especie
de molusco protegido que se creía extinguido
desde hacía más de quince años en la cuenca
de El Tordera. Identificado como Anadonta
cygnea, es una náyade o molusco bivalvo de
caparazón ovalado y de color marrón verdoso.

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