La ermita de Santa Anna se alza sobre una pequeña colina a la entrada de Breda, dominando el entorno y formando parte del paisaje más característico del municipio. El edificio actual es el resultado de una reforma de los años 1785–1799, aunque ya consta documentada la existencia de una capilla en 1624. Se trata de un templo de una sola nave, con ábside semicircular en el interior y una planta de carácter sencillo.
La fachada presenta un portal de arco rebajado con dovelas de piedra, ventanas laterales y un óculo superior. En la parte superior destaca un frontón curvado de estilo barroco con espadaña.
En el interior, la nave está cubierta con bóvedas de arista y arcos fajones, y conserva un altar sencillo con la imagen de Santa Anna. La sacristía, añadida en 1862, es un volumen anexo de planta cuadrangular. Mantiene un fuerte vínculo con la tradición local y continúa siendo un punto de referencia patrimonial y devocional del municipio.
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