El Cementerio Municipal de Lloret de Mar alberga uno de los conjuntos de escultura funeraria modernista más importantes del país. Convergen en él todas las tendencias artísticas, y constituye un bello ejemplo de estilos de principios del siglo XX, lo que lo convierte en un auténtico museo al aire libre.
En 1891 las actas del Ayuntamiento dejaron constancia de la necesidad de edificar un nuevo cementerio. El proyecto se encargó el año siguiente, en 1892, al arquitecto Joaquim Artau i Fabregas. La obra del nuevo cementerio fue posible gracias a la iniciativa privada; su financiación corrió a cargo de familias estrechamente vinculadas al comercio de ultramar y a la burguesía barcelonesa, hecho que propició la participación en el proyecto de arquitectos de renombre como Puig i Cadafalch.
La organización y distribución del espacio del cementerio está cuidadosamente pautada y organizada, a imagen de las grandes ciudades de la época: avenidas, paseos, plazoletas, manzanas… El espacio, en su conjunto, es un reflejo de la jerarquía social: en la avenida principal encontramos los sepulcros de los comitentes privados, algunos de los cuales habían hecho fortuna en América; a ambos lados de la avenida principal se distribuyen los hipogeos de segunda y tercera categorías y, alejado de esta zona, hay un espacio destinado a las inhumaciones civiles y a los no bautizados.
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