Hay productos que son parte del alma de un territorio, que logran cambiar el gusto, e incluso, la orografía de la zona. Éste es el caso de la avellana de Brunyola. Un fruto seco de larga tradición y que seguramente muchos han probado sin saberlo.
Si bien es cierto que el avellano ha formado parte desde siempre del paisaje mediterráneo, a mediados de los s. XIX hubo un paseo en la producción agrícola en la comarca de la Selva. La plaga de la filoxera fue extremadamente cruel con las cepas del territorio. Esto provocó un cambio de rumbo, haciendo ganar protagonismo al avellano.
Inicialmente, en las tierras altas de Sant Climent y la costa de Sant Martí Sacalm se cultivaban diferentes tipos de avellana: como la negrita, de la muela, gerundense o morella entre otros. Pero con el paso de los años, la negrita se impuso como principal variedad cultivada. Su preciado sabor y la facilidad que demostraba al ser pelada, una vez tostada, fueron las razones de mayor peso para que hoy en día la conozcamos como avellana de Brunyola.
Actualmente el principal epicentro productor de avellana es Brunyola , pero también se hacen en la Cellera de Ter , Sant Martí Sapresa y Amer . Más de 350 productores de la zona se dedican a la producción de avellana.
La variante mayoritaria es la negrita, que en un 70% se vende en grandes marcas de dulces. De hecho, otro de los puntos fuertes de la gastronomía selvatana son los dulces y pasteles, muchos de ellos con este fruto seco como ingrediente principal.
Si bien es cierto que gran parte de la avellana selvatana se vendió fuera de la comarca, cada vez más se trabaja por una marca propia y la venta de proximidad.
Un buen momento para decidir acercarse a Brunyola, y descubrir por qué es tan preciada la avellana negrita, es a principios de octubre. Aquellos días son tiempos de avellana y se celebra la Feria de la Avellana de la Selva.
Miles de personas visitan y disfrutan de mercados tradicionales aderezados con cantadas de habaneras o bailes de sardanas. También se pueden degustar recetas especiales que incluyen avellana en los restaurantes de la zona.
La avellana no sólo es conocida por su gusto inconfundible, también es fuente de salud. Presenta un alto valor energético (645 Kcal por cada 100 gramos), que alcanza gracias al bajo contenido en agua y la alta cantidad de grasas insaturadas y fitoesteroles.
La avellana es buena para la salud cardiovascular, puesto que permite regular el colesterol y los triglicéridos. Por otro lado, también encontramos vitaminas como la E, la B1 o B3, y minerales como el calcio, el fósforo o el potasio.
Ya sea tostada, en tartas y dulces o como ingrediente de otros platos, la avellana de la Selva es un fruto seco que ha cautivado desde tiempo por sus propiedades y gusto inconfundible.
Suscríbete al boletín