El recinto amurallado de la Vila Vella de Tossa de Mar es uno de los conjuntos medievales más bien conservados de la costa catalana. Situado sobre un promontorio que domina el mar, el recinto fue concebido como espacio defensivo y de refugio de la población ante los ataques por tierra y mar.
El conjunto conserva el trazado completo de la muralla con siete torres cilíndricas y varios tramos del camino de ronda. Destacan especialmente la torre de en Joanàs, la torre de les Hores y la torre del Codolar, que estructuran el perímetro fortificado. Las murallas están construidas con piedra granítica local y mortero de cal, e incluyen aspilleras y almenas que refuerzan su carácter defensivo.
El origen del conjunto se remonta al siglo XII, cuando el abad de Ripoll impulsa la creación del castillo y la carta de población de 1187. A partir de este momento se desarrolla la Vila Vella como núcleo habitado dentro del recinto, que se mantiene activo hasta la Edad Moderna, conservando hoy uno de los paisajes medievales más emblemáticos de la Costa Brava.
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